jueves, 17 de abril de 2008

dia tercero


Después de no poder dormir en toda la noche, me levante con la esperanza de encontrar alguna respuesta a todo lo que me había pasado.
Baje al primer piso y estaba Isadora leyendo una carta que habían dejado en la puerta de la casa durante la mañana.
-quien la manda. -Pregunte
-no aparece, solo sale una sigla. -Respondió Isadora
-me dejas leerla.
-si, pero es poco entendible.
Entonces me entrego la carta. Una hoja blanca con letras de color gris, poco notables.
Bella:
Já parece irónica esta palabra después de todo lo que has pasado
, créeme que quizás nunca nadie descubrirá porque apareció esto aquí
¿Esto?
Y es que luego de verte frete a la puerta
Con sangre en tus labios nada volvió hacer lo mismo.
Descubrí que no todo es tan normal y racional como parece.
A veces nos equivocamos,
Y cuando nos damos cuanta de todos nuestros errores,
Ya hay en el piso blanco, mucha sangre derramada,
Por cada herida que nos hemos hecho.
Cuando mires al frete no intentes encontrarme,
No me hallarás.
Espero que luego de todas estas absurdas palabras logres entender,
Que todo fue por el tiempo perdido,
Ese tiempo que ahora necesito para mí.
Tus manos tocando mi piel sin rozar el cuerpo,
Solo con un pensamiento parecías estrecharme contra tu pecho.
Gracias por la sangre derramada, por tus gotas de sangre,
Gracias.

HBM


Hasta ahora no logro entender de qué me sirvió esa carta. Solo puedo describir un miedo enorme que sentí. Un miedo que nunca nadie sentirá como yo, después de leer esa carta que me llego a lo más profundo de mi corazón. Nunca he sabido cuanta sangre he derramado sin verla. Si no lo saben de eso esta hecha la tristeza, de gotas de sangre invisibles a nuestros ojos.
Luego de leer la carta me fui con prisa a mi habitación, abrí el ropero y me vestí con ropa que se hallaba en ese oscuro y senil mueble.
Por fin cuando logre salir de la casa comencé a caminar sin rumbo, buscando alguna pista para poder volver a mi hogar.
Después de mucho caminar por calles casi desabitadas, encontré una muralla con letras que decían “HBM”.
Trate de escalar la muralla para ver que había detrás de eso, inevitablemente caí sobre el asfalto.
Fuera de una casa cercana al lugar, se hallaba una banca, corrí a buscarla y logre mirar hacia el otro lado de la muralla.
Era todo tan distinto a como lo imaginaba, era un lugar tan anómalo comparado con toda la ciudad en donde me encontraba.
En medio de todas las calles desoladas, cuatro murallas que formaban un cuadrado enorme, en el centro del cuadrado una casa maravillosa, rodeada de pasto y grandes árboles.
Corrían a sus alrededor tres niños, con una sonrisa que te sorprendía.
Lo más extraño es que no había una puerta para entrar al lugar, parecía como si ese rincón no perteneciese al lugar donde había llegado.
Con dificultad atravesé las murallas, en pocos segundos llegue a la entrada de la casa, parecía como si los niños que jugaban no me hubiesen visto.
Entre silenciosamente y camine por largos pasillos que me recordaron el sueño de la noche anterior.
Escuche las mismas risas de mis amigos, corrí a verlos, pero eran niños que cantaban y gritaban con euforia ¡HBM! Cuando me vieron se callaron y me miraron con ojos de pena, como si no les hubiese gustado mi apariencia.
-perdón, me ha llegado una carta de este lugar.- Dije
-¿carta?, ¿Qué es eso?- pregunto una niña
Entonces comprendí que ellos eran felices y no conocían las cosas que había fuera de esas cuatro murallas.
No me importo que no comprendieran de lo que hablaba, solo quería irme quizás ese sitio no era el indicado para encontrar una salida.
Miro al techo y dice“Hotel bella muerte”.

dia segundo


Día segundo

Cuando por fin puede abrir mis ojos, me encontraba en un sitio desolado. Apartado de la ciudad, no reconocía el lugar, nunca lo había visto en mi vida o mejor dicho, en la vida que había llevado hasta ese entonces.
Cuando llegue a la casa mas cercana al lugar donde había despertado, tenia mucho miedo, no sabia porque, pero mis manos transpiraban frío. La casa era un poco espeluznante y muy oscura, toque a la puerta, y me abrió una niña pálida, igual de pálida que yo en ese momento.
-¡Canela! –me dijo
Y yo un poco repuesta del miedo al recibimiento que podría haber tenido, le dije tímidamente
-hola.
La pequeña se abalanzo a mis brazos como si me hubiese estado esperando.
En ese instante sentí una tristeza que nunca había sentido antes, recordé a mi hermana que quizás en ese preciso momento me estaba extrañando. Sin duda yo era la única persona que ella necesitaba a su lado. Que pasaría con la promesa que le hice de nunca dejarla sola, se iría acaso por las paredes de esa habitación al igual que yo.
Le pedí a la niña que me dejara pesar a tomar agua, verdaderamente lo necesitaba mi garganta estaba adolorida.
-¡espera!, primero necesito mostrarte dibujos que hice para ti mientras no te encontrabas en casa, acompáñame a mi dormitorios. Subimos hacia el segundo piso de la casa, y después de un largo pasillo oscuro me hizo entrar a lo que era su dormitorio.
En ese momento me di cuenta que no era una familia muy adinerada, mas bien era una casa precaria de muebles y comodidades.
-¿estas sola?
-sí, Matilde no ha venido a dibujar, y desde que te fuiste, ningún vendedor a pasado, saben que solo tengo para comer las cosas que me dejaste. ¿Qué trajiste ahora?
-¿Qué traje de que?
-Canela, te noto retraída, dijiste que volverías con algo mas que dinero.
En ese momento no aguante el llanto y la abrace, quizás mi hermana se sentiría tan sola como ella, con tanta esperanza de que vuelva como ella.
La pequeña me secó las lágrimas, me mostró sus dibujos y bajamos a la cocina.
En ese momento alguien golpeo la puerta y fui abrir, llego una niña de la misma edad que la pequeña. Entonces me dijo.
-¿esta Isadora?
-¡sí aquí estoy!- grito la pequeña desde la cocina
-¿puedo entrar Canela?
-si pasa.
Creo que ya me acostumbraba a mi nueva vida, de hecho hasta mi apariencia me gustaba y mi nombre no me parecía tan extraño.
Ya anochecía y le dije a Isadora que tenía un poco de sueño, me enseño mi habitación, i me acosté. Era un dormitorio más bien frío y la cama un tanto incomoda. Pero el sueño era mayor que lo superficial.
Al despertar me encontraba encerrada en cuatro paredes negras. El silencio era absoluto, solo escuchaba mi respiración. Me causo miedo tenia que escapar de ahí. De un segundo a otro mi desesperación aumento, solo quería arrancar. Corría y corría pero no encontraba ninguna puerta o salida. Las cuatro paredes oscuras se convertían rápidamente en un túnel sin escapatoria.
Las risas de mis amigos y amigas se oían muy fuertes, y yo gritaba con el intento de que me escucharan, de que me pudieran ayudar. Todo era en vano, por más que los necesitara, y pidiera socorro, no los veía por ningún lado.
Entre los llantos y la desesperación que se hacia irremediablemente mas intensa, solo gritaba, y corría hasta encontrar a alguien que conociera, pero solo veía sombras.
Necesitaba a mi amiga tan solo para abrasarla y dejar el miedo de lado.
Pero eso nunca paso.
De pronto un sonido hizo explotar mis oídos, y sentía que me desmayaría.
Cuando por fin vi una luz abrí los ojos la mas grande que pude, y estaba junto a mi pequeña Isadora, mojando mi frente con un moño húmedo.
-¿te sientes mal?-me dijo
-solo tengo frío
-¿con que estabas soñando? ¿Parecías estar muy inquieta?
-no lo recuerdo muy bien. –le dije. No podía decir lo que había soñado creería que estaba loca.
Ese día me sentí mal todo el tiempo restante, y estuve toda la madrugada con fiebre. Como siempre Isadora no se alejo en ningún momento de mí.
Mi pequeña hermana provisoria, realmente me quería.